Llegó septiembre y con él los verdes nítidos: flores nuevas y colores para repartir. La mañana es prematura y aunque el frío partió vuelve y disloca entre lanas y algodón. Los árboles se copan y el pasto crece al olvido de su semilla sin control natal. Reparto parejo y natural que contempla el celeste, nubes de gris y horizonte perdido. El año envejece y previo al calor las gotas son poesía con versos estrujados. Mucha fama la estación que no guarda límites en el poder de los tallos antichaparrón. Cuando la noche se limitó en estrellas y luna vieja, cada corazón mutó al espanto desprevenido. El agua ya no molestó las rutinas sin espacio y cada caminante fue un niño entusiasmado. Arrebatado se mostró el viento que sin soplos se arrinconó con la frente sacudida. Al final nadie fue inocente ante paleta y arcoiris, piel y adentro el corazón.
Un poco de ficción para tiempos rotos