A veces todo es cruel, otras, el viento abraza y a veces se esconde. A veces resulta bien, otras el pasado está aferrado e intacto. Son partidas que a veces se cuelan como las moscas del tren. A veces todo es gris, otras veces el color no abandona, como otras. Muchas veces el círculo se mantiene cerrado y otras nadie escapa. A veces el aroma va, entra y sale inocuo sin lastimar a nadie. Cada vez que la zona se vuelve peligrosa, regresan las horas torpes. Cuando el tiempo se queda las horas se pausan y los relojes demoran. Como los árboles viejos, como las flores sin sol, cada aguja se mantiene. Donde mueren los pájaros, donde descansan las nubes, el corazón desaparece. A veces se escuchan, en otras se reflejan pero nunca declinan. Donde las puertas abren, donde los vidrios se rompen, la muerte no se atreve.
Recuerdo los tramos, las partidas y sus reiteraciones. Reconozco paisajes: me hundo, no pienso y de nuevo soy. Asumo cada retazo de vida que partió y me dejó reseco. Concuerdo con la piel que es alarma de muecas y sentimientos. Analizo volver y corregir, pero no, lo imposible arrasa. Pienso en dejar que las cosas sean, como lo deseen. Siento, entonces, y el pecho deriva en inflamación precoz. Presiento lo peor o quizá sea miedo impreso, avejentado. Escucho voces que no cesan y son un pasillo interminable. Amplío el espectro, mis ojos abiertos preparados están. Desbordo de ansiedad, pero no resulta: todo es recuerdo. Sueño con esas memorias, abro alas y ojos y narices: no hay fin.