El poeta contó que el árbol es la verdad, alimento de los fuegos naturales o alejados. Como el sauce del fondo, como los paraísos del patio, los recuerdos cuelgan de cada árbol conocido. La casa del árbol que soñamos y casi logramos. Los sauces antes de la casa que hoy sombrean y son luz. Los árboles del camino, sus años al frente de vientos, lluvias y rayos que no los impiden. Cada árbol como mensaje del paso de los años, como metáfora desprendida: raíz, copa, tronco. Los árboles como barrios de pájaros anidados, con cantos y señales, parados de pecho al sol. Los árboles caídos que serán llamas en fuegos amigos, sin revisar y que la lluvia los fortalece. Fuego como identidad fuego como furia fuego como forma y filosofía del camino Recuerdo los muchos, extraño algunos aunque todos fueron paz y años de espera.
Aquella tardecita nos tocó viajar parados a la vuelta. El pasillo lleno. El colectivo venía cargado de turistas. Pescados. Uno flaco y joven, me dijo: “Yo sé tu nombre. Te llamás…”. Eso me dejó perplejo, con cara de asustado. El flaco lo notó y me avisó que sólo había leído el bordado en la visera de mi gorro. Con mi hermano nos reímos. Al rato comenzó con las preguntas. “¿Dónde se puede acampar?”; “¿En dónde se sacan los pejerreyes?”; “¿Qué horarios y cuántos colectivos?”. Le pasamos todos los datos y lugares a dónde ir a preguntar por el alquiler de botes; dónde comer rico y a buen precio. El flaco preguntó de dónde veníamos y le contamos que de la colonia de vacaciones municipal, desde cuándo y qué actividades habíamos tenido esa tarde de calor y picnic bajo la sombra de los árboles pegados a la pileta. Después se acordó otra pregunta y le dijimos la calle y cómo era el frente. Entramos en la costanera y fue ahí cuando mi hermano acotó: “En el fondo, al lado de la puerta...