El sol espejado, asfalto sombra al costado y en las líneas viejas un lagarto cruza, tirado. Una proyección ventada anticipa que el día escapa; y las hojas asustadas, perplejas yacen sin ruido. Flores mustias, la cruz, la recta del choque un rosario punta abajo, papeles machucados. Noche y telón del día reabren sus ventanas, y los autos viajan y una chica espera. Tramo de sol espejado que gira y otra vez se deja, no frena y en sus zapatos la queja. Una bolsa brama, en negro y hace olor, soplado o emplomado, sin fin, cielo enlatado. Divisa la cruz el rosario, la recta, ojos, papel. Atardece en las ventanas, el choque, el tiempo clavo. Los ruidos, la fecha, los faros, la luz, el espejo, fracaso. Y el viento y el espejo reptan, rectas van cuando el día cae pájaros, reposo cableado. Los pájaros lo ven, se mueve en reflejo y llega al otro lado. Sus patas se salvaron y en el pasto tostado reposa, se acolchona. Ahora el viejo del puente no se sienta, nos saluda asiente, descansa. ...
El primer día del colegio estábamos todos muy asustados. La señorita Viviana nos contó sobre la diferencia de primer grado con el jardín. Cuando tocó la campana del primer recreo el curso completo completo agarró sus mochilas, hasta que la seño avisó que no era hora de irnos a casa. “Al patio, al recreo”, dijo. Nos miramos un poco desconfiados, pero así y todo salimos pensando en las mochilas y los útiles nuevos. El patio, que no era el mismo sin la señorita Laura del jardín, me pareció muy grande y vi al resto re grandes. Eran los mismos que siempre andaban en la calle o en la canchita La Valentina, frente a casa. Naza, el Chino, la Patuta, Romina, el Colo, el Mosquito… parecían tan grandes. Me acuerdo que en un recreo la Patuta me ayudó a poner en hora mi reloj digital. Ese año aprendí a escribir y después a leer casi de corrido. Completé una historieta en donde un chico había roto el vidrio de una ventana. En la viñeta puse: “Eso no hace carajo”. La seño Viviana se rió y me ll...