Hace muchos años, los domingos a la noche cuando volvía a la pensión de Evelia, no me podía dormir. Los muchachos abandonaban el fin de semana con “Paso a paso” en TyC Sports en la cocina y a mí no me quedaba otra que acostarme con la radio Daihatsu portátil debajo de la almohada. Creo que las casi tres horas de viaje me provocaban el insomnio o el miedo a tenerlo. Una profecía común, de regreso y autocumplida. La única AM que sintonizaba en la habitación era Continental 590. A la 1 AM arrancaba "Entre vinos y medianoche... y que vuelen los ángeles", un ciclo conducido por Cosimo Sabatino Arias, un viejo muy canchero, porteño-porteño, que hablaba sobre vinos y comida. La voz salía rasposa y opaca. Emanaba un vozarrón a lo Coco Basile, pero con fraseo de viejo cheto. Una de esas noches en las que hacía mucho frío del sueño no tuve ni noticias. Mi mente recorrió las horas del fin de semana: rutas, calles y habitaciones. Amigos, familia, el amor. En la radio, Sabatino Arias come...
En la ruta, ni los pájaros sobrevuelan, viento frío. En casa, desde el ventanal, la soledad parece una. En la ruta, las líneas unen el tiempo veloz. En casa, los platos no se lavan solos. En la ruta, el pensamiento es manso, casi dormido. La tranquilidad es certera en casa y las neuronas no extrañan la ciudad y flotan. En la ruta los nervios llegan después, cuando el paisaje no es casa y el contacto eléctrico, vive. Y se relaja en la ruta y en casa no entra viento y el frío es pasajero. En la ruta los árboles son telón verdolado, las puertas cerradas: el gris no es una casa. En la ruta, cada palo de luz mide el correr nato y en casa somos inconformistas, sin techo. Cada auto lleva historias que se sostienen en la ruta. Nadie sabe por qué, pero somos felices cuando todos viajan por la ruta. En casa el tiempo parece quieto, arrumbado. En la ruta, cada trazo no demuestra interés. Los nervios son un derecho irrenunciable, como una casa. En la ruta, los reflejos d...