Quise que muchos momentos duraran para siempre y quise que otros terminaran como los sueños a la madrugada. Quise acercarme y quise que el fuego me queme y me enseñe a sobrevivir. Si quema no hay que correr, ahí está el universo y también el todo y la nada. Algo hay que dicta el curso del río interno, la sangre, el pasado; las cadenas y las no cadenas. Nadie advirtió que la libertad es eterna. Salvo dentro, cuando anda todo mejor que los otros que sufren o padecen. Aquel otro también soy yo y el mundo que piso. Por qué no miro al sol cuando se estaciona, como en exclusiva, expandido. Por qué en el campo, a eso de las seis, la tarde se siente como una despedida naranja, con halos tristes de tan sinceros. Quise todas esas tardes terminar en casa; con estufa o al reparo exterior. En la vereda teníamos paz y luces cuando se cortaba con los rayos. Quise que pare de llover y una noche pasó. Supe que no eran superpoderes ni magia ni macumba. La lluvia pasa y avisa que está.
Primer encuentro ojos cerrados, miedo nuevo y la esperanza. Cables, mediciones y tus ojos desde el sábado que nos encontramos. Cantos secretos, movimientos y señal: armonía que hoy descansa. La voz de mamá, las sonrisas, la voluntad, la fuerza. Las horas, los días, cada minuto, paz y protección. El calor, tu evolución, los gramos y una suma sin restar. Entonces partimos llenamos, volvimos: espera con fin y en casa de nuevo. Las visitas, el calor, las caricias, y más melodías. El sueño manso, tus ojos, el azul: apertura, luz y las sonrisas. Los baños, la espuma, el jabón sin gritos. La arena del tiempo, el recorrido blanco, el reloj: horas nuevas. La música, tus emociones, el laberinto para salir. El recuento, los dolores, los doctores, el ánimo. Las excusas en la cama, más ratos, menos sueño. Tus manos, el pelo, la locura y y los gritos. La comunicación, el enfoque, los disgustos: menores, planos. Las siestas, las noches, las hojas, los píos. A Dios las gracias; las velas, el fue...