Recuerdo los tramos, las partidas y sus reiteraciones. Reconozco paisajes: me hundo, no pienso y de nuevo soy. Asumo cada retazo de vida que partió y me dejó reseco. Concuerdo con la piel que es alarma de muecas y sentimientos. Analizo volver y corregir, pero no, lo imposible arrasa. Pienso en dejar que las cosas sean, como lo deseen. Siento, entonces, y el pecho deriva en inflamación precoz. Presiento lo peor o quizá sea miedo impreso, avejentado. Escucho voces que no cesan y son un pasillo interminable. Amplío el espectro, mis ojos abiertos preparados están. Desbordo de ansiedad, pero no resulta: todo es recuerdo. Sueño con esas memorias, abro alas y ojos y narices: no hay fin.
El sol espejado, asfalto sombra al costado y en las líneas viejas un lagarto cruza, tirado. Una proyección ventada anticipa que el día escapa; y las hojas asustadas, perplejas yacen sin ruido. Flores mustias, la cruz, la recta del choque un rosario punta abajo, papeles machucados. Noche y telón del día reabren sus ventanas, y los autos viajan y una chica espera. Tramo de sol espejado que gira y otra vez se deja, no frena y en sus zapatos la queja. Una bolsa brama, en negro y hace olor, soplado o emplomado, sin fin, cielo enlatado. Divisa la cruz el rosario, la recta, ojos, papel. Atardece en las ventanas, el choque, el tiempo clavo. Los ruidos, la fecha, los faros, la luz, el espejo, fracaso. Y el viento y el espejo reptan, rectas van cuando el día cae pájaros, reposo cableado. Los pájaros lo ven, se mueve en reflejo y llega al otro lado. Sus patas se salvaron y en el pasto tostado reposa, se acolchona. Ahora el viejo del puente no se sienta, nos saluda asiente, descansa. ...