Los rayos que entran y el verde colado, emparejan el azul con ojos desatentos. Los ojos, un susurro en la insospecha y en el ruido actual del vidrio acordeón. Y las hojas respiran, la lluvia se suspendió, y en la obra cotidiana no alcanza con los bordes. Como las ramas desnudas y las hojas exiladas con el brote del verde, el marrón yace licenciado. Los nubarrones van y no entran ni dejan que los rayos caigan y los pájaros aterricen. No se sabe en qué momento el día estallará, y los perros morarán y el alambrado los atajará. Los gatos, silenciosos, miran desde arriba y se oponen al cielo que no los enfrenta. El hojerío toma color y se anuncia el verde, se despide el marrón y entra el arco iris. Arriba, azul metal, y acá un espejo que, como el gato, de arriba pispea. Las lluvias pasaron y el cerco engordó, como los nidos, los palos y las siluetas aladas.
Un poco de ficción para tiempos rotos