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Una ventana

 


Los rayos que entran
y el verde colado,
emparejan el azul
con ojos desatentos.

Los ojos, un susurro
en la insospecha y
en el ruido actual
del vidrio acordeón.

Y las hojas respiran,
la lluvia se suspendió,
y en la obra cotidiana
no alcanza con los bordes.

Como las ramas desnudas
y las hojas exiladas con
el brote del verde,
el marrón yace licenciado.

Los nubarrones van
y no entran ni dejan
que los rayos caigan
y los pájaros aterricen.

No se sabe en qué momento
el día estallará,
y los perros morarán
y el alambrado los atajará.

Los gatos, silenciosos,
miran desde arriba
y se oponen al cielo
que no los enfrenta.

El hojerío toma color
y se anuncia el verde,
se despide el marrón
y entra el arco iris.

Arriba, azul metal,
y acá un espejo que,
como el gato,
de arriba pispea.

Las lluvias pasaron
y el cerco engordó,
como los nidos, los palos
y las siluetas aladas.

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