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Carro ganador


 

Las maderas las sacamos del galpón del abuelo Lalo. Los rulemanes, en cambio, fueron más difíciles de conseguir, así que con Nico los tomamos de una caja donde papá guardaba repuestos usados. El resto fue un regalo de Rubencito, mecánico amigo de la familia. Una vez que el carro quedó listo, papá nos pasó medio litro de pintura roja y cuando secó y quedó listo, salimos a probarlo a la vereda final del barrio donde está el tanque de agua potable.

Nico fue el primero y cuando se bajó me dijo que el carro doblaba bien. Los dos coincidimos que el acierto fue la idea de papá que nos aconsejó que en vez de una soga como volante, lo hiciéramos con los pies. Y no le erró el viejo, porque en cada carrera con los chicos del centro, nuestro carro respondía más rápido, maneje quien lo maneje.

Y fue un carro campeón. Esa vez, la carrera se largó un domingo a la tarde en una fiesta del Día del Niño y como Nico estaba pesado, decidimos que pilotee el Laucha de 27 kilos, mojado. Durante el último tramo de la carrera que era de cien metros más o menos, desde el destacamento de los Bomberos hasta el frente del Club Defensores, se nos acercó el carro de Maycoco, pero ambos monoplaza quedaron enganchados y llegamos a la línea primeros nosotros, con una diferencia mínima.

Al momento de los premios, con Nico y el Laucha nos acercamos al escenario y vimos que abajo estaban los rezagados y papá con mamá más felices que los chanchos.

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