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Facturas paranoicas

 


Un amigo una vez dijo que de la noche hay que saber retirarse a tiempo. Las señales llegan y si la elección es seguir entre el ruido o cruzar enfrente al boliche para comprar facturas, ya no hace falta más: queda poco para el retiro. Una noche de frío, la salida nocturna tuvo e incluyó un show de rock and roll. La banda tocó después de las 3. El set continuó con clásicos y muchas zapadas. Se hizo largo. Pero poco antes de las 6 terminó y ya no nos quedaban ganas de seguir entre el ruido y las luces del boliche.

Entonces, la idea surgió sola: salirnos y comprar facturas en la panadería Piperno, donde también vendían los mejores sándwiches de jamón y queso: los famosos Piperno.

Entramos y pedimos dos. Y ahí estaban los tipos: eran los Ratones Paranoicos. Los cuatro ratones eligiendo facturas antes de subirse al colectivo negro que usaban en las giras y volver a casa. 

Para nosotros fue una espera amena, parecían cuatro pibes de Secundaria. Discutieron hasta ponerse de acuerdo. Llevaron dos docenas: medialunas de grasa y muchas de dulce de leche. El resto lo completaron con las de crema pastelera y unas tortas negras.

Antes de salir el cantante, de piluso negro incrustado en la cabeza, salió manso y le avisó a sus compañeros: “¡No traigan vigilantes!”.

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