Ir al contenido principal

Ana y las horas

 


Primer encuentro
ojos cerrados,
miedo nuevo
y la esperanza.

Cables, mediciones
y tus ojos desde el sábado
que nos encontramos.

Cantos secretos,
movimientos y señal:
armonía que
hoy descansa.

La voz de mamá,
las sonrisas,
la voluntad, la fuerza.

Las horas,
los días,
cada minuto,
paz y protección.

El calor,
tu evolución,
los gramos y una
suma sin restar.

Entonces partimos
llenamos, volvimos:
espera con fin y
en casa de nuevo.

Las visitas,
el calor,
las caricias,
y más melodías.

El sueño manso,
tus ojos, el azul:
apertura, luz
y las sonrisas.

Los baños,
la espuma,
el jabón
sin gritos.

La arena del tiempo,
el recorrido
blanco, el reloj:
horas nuevas.

La música,
tus emociones,
el laberinto
para salir.

El recuento,
los dolores,
los doctores,
el ánimo.

Las excusas
en la cama,
más ratos,
menos sueño.

Tus manos,
el pelo,
la locura y
y los gritos.

La comunicación,
el enfoque,
los disgustos:
menores, planos.

Las siestas,
las noches,
las hojas,
los píos.

A Dios las gracias;
las velas, el fuego brilla
óptimo, veloz.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Baúles y valijas

  Las valijas viajan solas, conocen paisajes internos. Se suspenden en el tiempo, en la oscuridad. Cada baúl las arropa, resguardan los sonidos, que tapan recorridos en plena soledad. Cierre hermético, sombra y pasado de ropas. Contemplación, ruido y silencio. Llegada presurosa. Claridad y búsqueda errada, y de nuevo el negro que acostumbra el cierre y otro viaje más. Llegadas, partidas y fin, que anuncian el continuado de maravillas y otros cuentos con finales templados.

Primeros libros

     En 45 días de reposo me hice lector. Comencé con vómitos y dolores de cuerpo, pis marrón. El doctor diagnosticó hepatitis. Era invierno y para no estar aburrido en la cama, los viejos me trajeron  revistas viejas y varios ejemplares de Patoruzú. Claro, no estaba acostumbrado a leer tanto, pero el tiempo a disposición jugó un papel importante y a lo largo del día terminaba todo lo que me traían.    Después, en la mesa, papá preguntaba sobre las historias. “Algunas las leí en otra época”, avisaba. Así, los personajes y sus acciones se volvieron como de la familia. Al terminar cada ejemplar, pensaba: “Entonces puedo”.    Más tarde, curado de la hepatitis, el gusto por los libros creció. El primer intento fue con uno de Cortázar que saqué de la biblioteca del pueblo, pero el tiempo de devolución me quitó las ganas. Solo recuerdo haber leído “Axolot”. Después, llegó la primera novela: “Robinson Crusoe” de Defoe. Costó, pero una noche, después de l...

Río contemplado

  Palabras inconclusas en el viento atroz, de los restos y sus finales. Las partidas en paz, las despedidas frías, contornos desdibujados, y la apariencia intacta. Las rectas sinuosas en el encuentro chato: sentimientos que se juegan, pero invalidan solicitar. Los pasos encontrados, las huellas perdidas en el camino bloqueado y los espejos falsos. Los modos de atravesar la senda imaginada, con el despertar concreto en el río y su orilla. Qué dijo el agua; cuánto corrió; para llegar al cauce que flota manso. Las piedras frenan, la hierba crece y se seca, concreta: espacio, humedal. El tiempo trota como en el camino: corre y salta y se escapa, oculto. Las bajadas van por sobre el nivel: curvas, meandros sobre manglares peinados. El final esperado que, sobre el lomo perdido de pájaros ahogados y peces saturados, viaja.