En la ruta, ni los pájaros
sobrevuelan, viento frío.
En casa, desde el ventanal,
la soledad parece una.
En la ruta, las líneas
unen el tiempo veloz.
En casa, los platos
no se lavan solos.
En la ruta,
el pensamiento es
manso, casi dormido.
La tranquilidad es certera
en casa y las neuronas
no extrañan la ciudad
y flotan.
En la ruta los nervios
llegan después, cuando
el paisaje no es casa y el
contacto eléctrico, vive.
Y se relaja en la ruta y
en casa no entra viento
y el frío es pasajero.
En la ruta los árboles
son telón verdolado,
las puertas cerradas:
el gris no es una casa.
En la ruta, cada palo de luz
mide el correr nato
y en casa somos
inconformistas, sin techo.
Cada auto lleva
historias que
se sostienen en la ruta.
Nadie sabe por qué,
pero somos felices.
En casa cuando todos
viajan por la ruta.
En casa el tiempo
parece quieto, arrumbado.
En la ruta, cada trazo
no demuestra interés.
Los nervios son
un derecho irrenunciable,
como una casa.
En la ruta, los reflejos
de agua yacen y brotan
los rayos de agua de
las canillas viejas de casa.
Los niños piensan lagunas,
les explican que es la ruta.
Nadie se ahogó y cae
la soledad en casa.
En la ruta queda
el espacio vacío
como una ruta.

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