El primer día del colegio estábamos todos muy asustados. La señorita Viviana nos contó sobre la diferencia de primer grado con el jardín. Cuando tocó la campana del primer recreo el curso completo completo agarró sus mochilas, hasta que la seño avisó que no era hora de irnos a casa. “Al patio, al recreo”, dijo. Nos miramos un poco desconfiados, pero así y todo salimos pensando en las mochilas y los útiles nuevos. El patio, que no era el mismo sin la señorita Laura del jardín, me pareció muy grande y vi al resto re grandes. Eran los mismos que siempre andaban en la calle o en la canchita La Valentina, frente a casa. Naza, el Chino, la Patuta, Romina, el Colo, el Mosquito… parecían tan grandes. Me acuerdo que en un recreo la Patuta me ayudó a poner en hora mi reloj digital. Ese año aprendí a escribir y después a leer casi de corrido. Completé una historieta en donde un chico había roto el vidrio de una ventana. En la viñeta puse: “Eso no hace carajo”. La seño Viviana se rió y me ll...
Nadie se olvida de jugar por más años que hayan pasado. El cuerpo tiene una memoria tioca y si a cualquier persona que le llega una pelota, cumple con el código número 1 de esa dichosa invención humana. El código: Todo individuo se siente con la responsabilidad y la obligación de devolverla con alguno de sus pies, hábil o no hábil. Otro código: En otro orden, es que todo individuo se precia de tener algún recuerdo con goles y jugadas de algún picado. Mi amigo Marcos tiene el suyo. Su relato: “Tengo el recuerdo pintado. Fue en un campeonato de esos que se hacían allá en Villa Jardín, es decir, fue un partido de hacha y tiza, por el honor de defender la camiseta. Así que íbamos ganando la final por un gol y me acuerdo la sensación de cagazo de saber que ya se terminaba y que en cualquier momento podíamos quedarnos sin nada”. El final: “Y vino un córner para ellos y hubo varios rebotes y otro córner de vuelta y nuestro arquero la rechazó de un puñetazo, pero la pelota quedó un poco ...