Esa mañana viajamos más de media hora hasta llegar al molino. En el camino escuchamos la radio y papá me explicó que las vacas estaban sin agua desde hacía más de diez días. Llegamos, abrí la tranquera y observé que a lo lejos, cerca del bebedero, unas cien vacas corrían por el camino que llegaba hasta la entrada. Cerré la tranquera y meamos al costado de la camioneta. Subimos y a unos doscientos metros las vacas estaban sobre el camino. Cuando estábamos más cerca se abrieron y estacionamos cerca del bebedero. Bajamos y toda la tropa sedienta nos miró en silencio, curiosas. El viejo dijo “como si supieran”. El bebedero estaba todo tapado y no había viento. Bajamos la garrafa y pocos minutos después, papá subió al molino para hacerlo girar y sacar agua. Entonces, las vacas comenzaron a mugir en señal de agradecimiento. Pero el agua no subía hasta el tanque del molino. El viejo continuó haciendo piruetas y girando en lo más alto. Las vac...
Una mañana acompañé a papá a la casa de una familia del campo a colocar un calefón. Nos recibieron con mates y torta fritas y a eso de las diez el viejo comenzó a calar las paredes del lavadero. La casa era un tanto vieja y la familia, se notaba, la estaba acomodando de a poco. Yo quedé sorprendido cuando la mujer dijo muy contenta que ahora iba a poder estar más tranquila. “El calefón eléctrico era un peligro”, contó. “Si no saltaba la térmica, era la humedad o que alguno de los chicos se quedara, ay mi Dios, pegado”, narró. El viejo le enumeró una lista con los nuevos beneficios: agua caliente siempre, muy a diferencia del termotanque que hay que esperarlo y muchos tardan mucho para recuperar temperatura; los repuestos del calefón son más baratos, en fin. La señora llamó a su marido y a sus hijos. “Ahora Alberto abre y va a salir caliente”, les anunció. No cabíamos en el lavadero. Un rato más tarde, el calefón esta...