Palabras inconclusas en el viento atroz, de los restos y sus finales. Las partidas en paz, las despedidas frías, contornos desdibujados, y la apariencia intacta. Las rectas sinuosas en el encuentro chato: sentimientos que se juegan, pero invalidan solicitar. Los pasos encontrados, las huellas perdidas en el camino bloqueado y los espejos falsos. Los modos de atravesar la senda imaginada, con el despertar concreto en el río y su orilla. Qué dijo el agua; cuánto corrió; para llegar al cauce que flota manso. Las piedras frenan, la hierba crece y se seca, concreta: espacio, humedal. El tiempo trota como en el camino: corre y salta y se escapa, oculto. Las bajadas van por sobre el nivel: curvas, meandros sobre manglares peinados. El final esperado que, sobre el lomo perdido de pájaros ahogados y peces saturados, viaja.
La sonrisa, el sol el viento entre las manos, y los pies movedizos. No es costumbre ni sed, y espía abierta y cerrada, con la nuca descansa. Los sueños azules son, si la noche acompaña, un velador que ampara. Los dedos en pinza, los movimientos cortados reflejan cariño o piden salida. De espaldas descansa, boca abajo trabaja y asoma al son de risas nuevas. A veces llora, a veces actúa, siempre ama.