Ir al contenido principal

Canto de mil pájaros

   En más de un audio, mis amigos han remarcado que al darle play oyen el canto de mil pájaros. Es verdad, la casa está rodeada por diferentes especies de árboles, donde sobresalen un sauce llorón y un cerco guacho que es el barrio de diversas especies de aves. Pero hay tres parejas que son como del lugar.

   La primera que reconocimos fue la de unas calandrias que todas las mañanas pican el suelo húmedo y se molestan entre ellas. Está claro cuál es la hembra y cuál el macho. Ella es apenas menos gris que él y es la que más canta.

   También están las palomas torcazas, de plumaje plomizo. Siempre se juntan al sol y se hacen como un bollo de plumas y dormitan calentitas. No es fácil distinguirlas, pero la hembra es más flaca y tiene un pico más refinado.

   La última pareja es de los horneros peronistas. Su casa está en proceso desde fines de marzo, cuando llovió después de muchos meses de sequía. Ahora promedia el invierno y si la construcción sigue dura y pareja, para la primavera o antes, van a inaugurar y darle cierre a la obra. 

   Ahora el cerco está casi pelado, pero las tres parejas no lo abandonan. Seguro esperan que vuelva el verde y se ponga todo frondoso. No hacen ruido, es música. Sigue bastante tranquilo el barrio.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Baúles y valijas

  Las valijas viajan solas, conocen paisajes internos. Se suspenden en el tiempo, en la oscuridad. Cada baúl las arropa, resguardan los sonidos, que tapan recorridos en plena soledad. Cierre hermético, sombra y pasado de ropas. Contemplación, ruido y silencio. Llegada presurosa. Claridad y búsqueda errada, y de nuevo el negro que acostumbra el cierre y otro viaje más. Llegadas, partidas y fin, que anuncian el continuado de maravillas y otros cuentos con finales templados.

Primeros libros

     En 45 días de reposo me hice lector. Comencé con vómitos y dolores de cuerpo, pis marrón. El doctor diagnosticó hepatitis. Era invierno y para no estar aburrido en la cama, los viejos me trajeron  revistas viejas y varios ejemplares de Patoruzú. Claro, no estaba acostumbrado a leer tanto, pero el tiempo a disposición jugó un papel importante y a lo largo del día terminaba todo lo que me traían.    Después, en la mesa, papá preguntaba sobre las historias. “Algunas las leí en otra época”, avisaba. Así, los personajes y sus acciones se volvieron como de la familia. Al terminar cada ejemplar, pensaba: “Entonces puedo”.    Más tarde, curado de la hepatitis, el gusto por los libros creció. El primer intento fue con uno de Cortázar que saqué de la biblioteca del pueblo, pero el tiempo de devolución me quitó las ganas. Solo recuerdo haber leído “Axolot”. Después, llegó la primera novela: “Robinson Crusoe” de Defoe. Costó, pero una noche, después de l...

Río contemplado

  Palabras inconclusas en el viento atroz, de los restos y sus finales. Las partidas en paz, las despedidas frías, contornos desdibujados, y la apariencia intacta. Las rectas sinuosas en el encuentro chato: sentimientos que se juegan, pero invalidan solicitar. Los pasos encontrados, las huellas perdidas en el camino bloqueado y los espejos falsos. Los modos de atravesar la senda imaginada, con el despertar concreto en el río y su orilla. Qué dijo el agua; cuánto corrió; para llegar al cauce que flota manso. Las piedras frenan, la hierba crece y se seca, concreta: espacio, humedal. El tiempo trota como en el camino: corre y salta y se escapa, oculto. Las bajadas van por sobre el nivel: curvas, meandros sobre manglares peinados. El final esperado que, sobre el lomo perdido de pájaros ahogados y peces saturados, viaja.