Arena en los pies,
los consejos cuidados
y los vendedores,
graciosos, afónicos.
El cielo al otro lado,
la imaginación entera;
los mapas de la escuela
y el pizarrón dibujado.
Fiambres, helados y gaseosas,
el tiempo compartido,
los humores del chofer
y el tiempo consumido.
Un regreso presuroso,
una ruta despejada,
la sonrisa de contar
las vacaciones adelantadas.
Olas alejadas, las fotos
y el pic nic con arena.
Mamá, los amigos y parientes,
que nos ayudaron a ver el mar.
Los perros siberianos son una raza escapista. Mirá, el botón éste regula los espejos. No pongo la calefacción porque esto se va a poner como un horno. Tiene algunos detalles, pero bueno, me lo vendió el dueño de la agencia. Fui y le dije viste que no quería que me atienda ningún empleado. Después tengo que volver. El dueño me dijo que me va a avisar por un turno para acomodarle los detalles. El ojete que tuve: me dijo que era de una maestra. En cualquier estación, erran hacia territorios alejados. ¿Todavía es de tierra esta calle? Pensé que ya la habían asfaltado. Mil años que no pasaba. El otro día pensaba: qué suerte que ya no voy a tener que volver al colectivo los domingos a la tarde, con todo el negrerío que viene a la Laguna, a pescar. ¿Sabés lo que debe ser cuando suben todos al tren, después? Tres horas con esta gente, imaginate: todos chupados, sucios y a los gritos. Ojalá que... ¿...
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