Recuerdo los tramos,
las partidas y
sus reiteraciones.
Reconozco paisajes:
me hundo, no pienso
y de nuevo soy.
Asumo cada retazo
de vida que partió y
me dejó reseco.
Concuerdo con la piel
que es alarma de
muecas y sentimientos.
Analizo volver y
corregir, pero no,
lo imposible arrasa.
Pienso en dejar
que las cosas sean,
como lo deseen.
Siento, entonces,
y el pecho deriva
en inflamación precoz.
Presiento lo peor o
quizá sea miedo
impreso, avejentado.
Escucho voces que
no cesan y son
un pasillo interminable.
Amplío el espectro,
mis ojos abiertos
preparados están.
Desbordo de ansiedad,
pero no resulta:
todo es recuerdo.
Sueño con esas memorias,
abro alas y ojos y
narices: no hay fin.
Las valijas viajan solas, conocen paisajes internos. Se suspenden en el tiempo, en la oscuridad. Cada baúl las arropa, resguardan los sonidos, que tapan recorridos en plena soledad. Cierre hermético, sombra y pasado de ropas. Contemplación, ruido y silencio. Llegada presurosa. Claridad y búsqueda errada, y de nuevo el negro que acostumbra el cierre y otro viaje más. Llegadas, partidas y fin, que anuncian el continuado de maravillas y otros cuentos con finales templados.

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