El sol espejado, asfalto
sombra al costado
y en las líneas viejas
un lagarto cruza, tirado.
Una proyección ventada
anticipa que el día escapa;
y las hojas asustadas,
perplejas yacen sin ruido.
Flores mustias, la cruz,
la recta del choque
un rosario punta abajo,
papeles machucados.
Noche y telón del día
reabren sus ventanas,
y los autos viajan
y una chica espera.
Tramo de sol espejado
que gira y otra vez
se deja, no frena
y en sus zapatos la queja.
Una bolsa brama, en negro
y hace olor, soplado
o emplomado, sin fin,
cielo enlatado.
Divisa la cruz
el rosario,
la recta,
ojos, papel.
Atardece
en las ventanas,
el choque,
el tiempo clavo.
Los ruidos, la fecha,
los faros, la luz,
el espejo, fracaso.
Y el viento y el espejo
reptan, rectas van
cuando el día cae
pájaros, reposo cableado.
Los pájaros lo ven,
se mueve en reflejo
y llega al otro lado.
Sus patas se salvaron
y en el pasto tostado
reposa, se acolchona.
Ahora el viejo del puente
no se sienta, nos saluda
asiente, descansa.
Otra vez los cables,
los alados y el que arrastra
y gasta la panza.
Lento el viento,
el carromato,
las luces,
el cielo, encuentro.
El cansancio,
el regreso,
los precios.
El regalo,
la escondida,
una ansiedad.
El cambio: ¡El papel!
el sábado, la cruz,
la bolsa, el rosario.
No hay espejo,
la noche cayó,
la luna escondida.
Por suerte duerme,
si no una no descansa,
no alcanza.
La ducha,
la sopa,
el escondite,
el colectivero,
otro viento,
el umbral,
y tieso un perro.

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