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Rechazo necesario

 

Nadie se olvida de jugar por más años que hayan pasado. El cuerpo tiene una memoria tioca y si a cualquier persona que le llega una pelota, cumple con el código número 1 de esa dichosa invención humana.

El código:

Todo individuo se siente con la responsabilidad y la obligación de devolverla con alguno de sus pies, hábil o no hábil.

Otro código:

En otro orden, es que todo individuo se precia de tener algún recuerdo con goles y jugadas de algún picado. Mi amigo Marcos tiene el suyo.

Su relato:

“Tengo el recuerdo pintado. Fue en un campeonato de esos que se hacían allá en Villa Jardín, es decir, fue un partido de hacha y tiza, por el honor de defender la camiseta. Así que íbamos ganando la final por un gol y me acuerdo la sensación de cagazo de saber que ya se terminaba y que en cualquier momento podíamos quedarnos sin nada”.

El final:

“Y vino un córner para ellos y hubo varios rebotes y otro córner de vuelta y nuestro arquero la rechazó de un puñetazo, pero la pelota quedó un poco más allá de la medialuna y yo que estaba en un palo la vi venir. Se hizo un silencio bárbaro y con la pierna cambiada la reventé con un chanfle y ahí nomás el juez terminó el partido. Me ardía la pata”.


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