Algo saben los horneros y, aunque no usen calendario, entienden el ciclo del paso de los días. ¿Cuánto viven? Más de un año, seguro. La casa del poste de luz cerca del patio la hicieron en varios tramos, les llevó más de tres meses. En ese entender, cada vez que el día amaga de a poco a estirarse, la pareja de horneros sigue con las tareas de recolección de bichos y pastos que, en varios viajes, suben hasta su hogar en obra. Así todas las mañanas y tardes. Son equipo.
Los sábados, a eso de las diez de la mañana, los humanos tomamos mate, vivimos sentados o de acá para allá, distraídos con pantallas. En cambio, ellos dedican el aire de las mañanas a la procura de alimentos. Recolectan toda clase de bichos que no llegan jamás a salir a la superficie plana por encima de las raíces. Cuando los horneros trabajan, los insectos se convierten en sus presas. El mismo modo usan para juntar los palitos que funcionan como ladrillos. La familia los traslada con apuro antes del fin de la tarde. El barro es una cuestión de suerte.
¿Cuánto pesará su casa? De chico y en plan salvaje con mis amigos del barrio destruimos algunas casas de hornero. Teníamos un instinto primitivo y alejado de la templanza de los pájaros. Sin conciencia de su libertad, fallamos. Después llegó el mensaje de papá: “El hornero es el ave Nacional, está prohibido cazarlo”. Crecimos y cumplimos.
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